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22.8.07

Confesión... por. Bart. Simpson.

Para la complejidad, no hay límite de "peros".

Cuando al fin me decido, cuando acepto que en el orden cotidiano de mi vida puedo ser una publicista de pequeña talla a lo largo de cuatro horas y, luego, durante las 20 restantes asumir finalmente el papel de escritora que por tanto tiempo he estado relegando al fondo de mi psique... Justo en ese momento de la dolorosa asumpción me doy cuenta de que en realidad a lo que me he decidido es a vivir pedazo por pedazo cada segundo pues al rechazar todo otros sitema creado (la realidad de la familia, de los amigos, de la generación, del mundo mediático) encuentro, finalmente, que estoy parada en el medio del vacío, que el universo entero es materia prima y que las combinaciones posibles son infinitas. ¿Para qué elegir alguna? Esta nada Sartreriana, el infinito informático y mi enfermiza hiperconsciencia: qué apabullante resultan al pequeño chispazo de mi vitalidad.

Hace unos dias, antes de que lo decidiera, desperté convencida de que lo mejor sería terminar de convertirme en una pobladora más de este pequeño conjunto material/social impulsado por no sé qué aires (¡era precisamente lo que estaba tratando de ver!) y aplicar toda mi complejidad (una combusitón que, como la del sol, se alimenta a sí misma) al a veces no tan innoble acto de la comunicación empresarial. De regreso a casa iba pensando en escribir mi Confesión, a la manera de Bart Simpson: "Soy un niño común y corriente..." No hice trampa en el examen de la creación, sólo me pasó algo: llegó un punto en que el peso de los sentimientos, la complejidad de las ideas, y la viveza de las sensaciónes superaron por entero a la fortaleza de mis órganos corporales, a la fuerza de mi voluntad y la cantidad de recursos psicológicos. Estoy segura de que si fuera un tanto más sencillo de lo que yo concibo (como lo era hasta hace un par de años), lo escribiría con una mano atada a la espalda. Y no lo es. Y estaba a punto de darme por vencida. Vivir una vida perfectamente reconocible, seguir siendo, en el fondo y disimuladamente una aoutsider...

Estaba ahí, al filo del suicidio creativo cuando un mensaje de celular me detuvo. Alguien decía estar "emocionadísimo con tus cuentos" y la chispa lánguida, débil, súbitamente llameó...



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2 comments:

  1. Sí, eso es hermoso. Quiero estar en tu lugar muchas veces, así.

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